CRÓNICA
- elviraromerotupino
- 26 oct 2021
- 6 Min. de lectura
NOVIEMBRE 21, 2013
JAVIER DULZAIDES
Vivir para actuar
Avenida Perú: El empujoncito hacia un sueño
Por Elvira Romero
Detrás de bambalinas en el auditorio de su escuela, Javier de doce años intenta controlar sus nervios. Repite sin cansancio en su mente ‘‘Aquí estoy mi princesa’’. ¿Cómo podría olvidarse de esa frase? La presión aumenta, allá en el público están sus padres, profesores y varios rostros desconocidos. ‘‘No lo puedo arruinar’’—se dice a sí mismo. Paso a paso, con el cuerpo temblando, se acerca a escena. Las palabras se atropellan, siente que lo ha hecho mal; pero por primera vez en su vida, acaba de pisar un escenario.
Han pasado ochos años desde aquella experiencia que recuerda con nostalgia. La actuación es parte de su vida, por lo que podría vivir sin recibir nada a cambio. El camino que quiere recorrer es peligroso, pero apasionante; divertido, pero trabajoso. Ahora, debuta nuevamente, con los mismos nervios y emociones de niño frente a su obra escolar, pero esta vez desde la Avenida Perú.
La llegada de una oportunidad
En una mesita de Starbucks, Javier Dulzaides me ofrece un poco de su tiempo. Aún es un joven universitario de 20 años, quien organiza su día entre su carrera de Comunicaciones en la U. de Lima y el taller de teatro con Roberto Ángeles. Hasta hace más de medio año, no pensaba que la nueva novela de ATV: Avenida Perú, bajo la batuta de Michelle Gómez, llegaría para convertirse en su primera oportunidad en la televisión. ‘‘A mí la novela me la propusieron. Me dijeron: ‘Oe te tengo un personaje’. Yo con la mayor satisfacción del mundo se lo dije a mi vieja y ella me dijo: ‘Olvídate, no la vas a hacer’’’
Sus padres, Tony Dulzaides y Mariloli López —reconocidos actores de la escena nacional—, siempre quisieron que su hijo se mantuviera alejado del medio artístico. Esperaban que estudiara una profesión tradicional, pero sus esfuerzos fueron en vano. ‘‘Ya está bien, no te gusta arquitectura, dale cámbiate a actuación; pero ya sabes que te vas a morir de hambre, ya sabes que… Y eso, ya duele. ’’— cuenta Javier recordando lo que le dijeron tras saber que no seguiría esa carrera.
A pesar de la negativa de sus padres, y saber que si quedaba, quizá no haría la novela, decide acudir al casting de Avenida Perú. Fresco, desganado y conchudo es como describe su actitud en la prueba. ‘‘El pata—del casting— estaba indiferente. Solo prendió la cámara y me dijo: ‘‘Ya, haz tu monólogo’’. Ni siquiera me miraba a la cara. ¿Tú sabes lo incómodo que es eso? De pronto, suena el teléfono, se pone un poco nervioso, como pensando ‘apago la cámara o qué hago’. Le digo: ‘‘Ya compare contesta, contesta, que estoy en pleno casting’’. Él responde la llamada y con la cámara que seguía grabando: ‘‘Oe ya, apúrate pues huevón’’. ¡Ni siquiera lo conocía! Y eso le gustó a Michelle, me llamo a los días y me dijo: ‘‘Me he cagado de risa… Tu monólogo me pareció una porquería; pero me pareció tan natural tu improvisación que vente para acá. ’’’’
Tras la llamada del productor, Javier ya estaba dentro de la novela, pero había un pequeño detalle sin resolver: la aprobación de sus padres. ‘‘Todo el día pienso en la actuación, y es una tortura demasiado fuerte’’ Siendo así, ¿cómo podría negarse la oportunidad que tanto esperó? Sin pensarlo más, decide que hará la novela; solo se matricula en dos cursos y deja el resto del día para sus grabaciones. — ‘‘Y Javi, ¿en cuántos cursos te metiste?’’— ‘‘Vieja, porsiacaso me metí en dos cursos, son en la mañanita y todo el día lo tengo para la novela. Así que algo tengo que hacer’’. Su mamá no le habló en tres días.
Transitando por la Avenida Perú
El set está listo, los técnicos en sus puestos y solo falta la llegada de los actores. Javier ingresa a la locación de ATV ubicada en Barranco, un lugar amplio con un pasadizo enorme, en donde se encuentran las diferentes locaciones. Conoce de memoria su monólogo, lo ha repasado por casi una semana. Algunos lo reconocen, de cuando solía ir a las grabaciones de su mamá: ‘‘Yo te conozco de chiquitito. Te sentaba en mis piernas’’— Es la frase común de quienes se reencuentran con él.
A punto de iniciar, el temor de arruinarlo se hace presente. Su compañero de escena es Humberto Cavero, un actor con una trayectoria de más de 40 años. ‘‘Yo tengo un monstruo adentro que me dice: ‘‘la voy a cagar’’. Espero algún día poder vencerlo por completo, pero siempre lo intento cuando estoy en acción. ’’ Empieza a correr cámara y la grabación se detiene unas ocho o diez veces hasta que queda listo. El personaje que representa significa un reto para él. Confiesa que un amigo cercano—quien prefiere mantener en el anonimato— lo inspiró para construir la personalidad de ‘Lucas’. En la telenovela, ‘Lucas’ es el hijo de una familia del barrio de ‘San Gastón’; es el estereotipo de ‘chico nerd’: tímido, estudioso y con una novia cibernética.
Desde que Javier recibió su personaje, se propuso darle vuelta a la tortilla. ‘‘En la entrevista de actores, a todos les daban importancia y cuando llegaron a mí: ‘‘¿Qué vas a hacer tú? Ah, sí, tú eres un chico nerd…’’ Nadie me conocía; y luego, poco a poco, fui proponiendo nuevas cosas. (…) Ese nerd tuvo un cambio total, me dieron escenas más difíciles y consiguió mayor protagonismo. ’’. Aunque los guionistas se lleven los créditos, sus intentos por ‘sacarle la vuelta al guion’ consiguieron el cambio que quería para su personaje. Aún le causa gracia recordar cómo uno de ellos se le acercó a la hora del almuerzo, sigilosamente, solo para decirle a modo de advertencia: ‘‘Me es-tás cam-bian-do los tex-tos’’.
Capítulo tras capítulo, era un reto que vencer. En varias ocasiones, no logró hacer bien su ‘chamba’ y, por días, no dejaba de pensar en ello; pero algo aprendió de sus compañeros, y es a llevar las cosas con calma: ‘‘No te carcomas por dentro, vívelo. Si una escena te sale mal, no importa. Si algo no te sale como tú quieres, no importa. Cara feliz, olvídate, vamos, vamos. ’’. Es así que con el fogueo de las largas horas de grabación, vinieron los buenos resultados. Entre ellos, la escena en la que debió afrontar la muerte de su novia en la ficción. Le llevó una preparación a nivel personal que no había realizado antes, fue compleja en varios sentidos, pero logró que fuera impecable; sin duda, ese capítulo fue suyo.
La despedida: un nuevo comienzo
Alrededor de las cinco de la tarde, en una locación en exteriores, el final de Avenida Perú se viene venir. Al terminar la última toma Javier abraza a Checho, Jaime y Gerardo, aquellos que se convirtieron en sus hermanos. Cada uno da un pequeño ‘speech’. La nostalgia se hace presente, es inevitable soltar algunas lágrimas.
‘‘Yo sé que soy un chibolo de mierda. Yo sé que recién me meto en esta chamba. Yo sé que ustedes me conocen de hace tiempo. Yo sé que ha sido muy difícil para mí, que hay mil escenas que no me han salido naturales, pero quiero agradecer simplemente porque haya sido con ustedes… Porque con ustedes, no me siento como un tipo que ‘voy a trabajar con él’, sino me siento como un amigo y eso me da confianza y seguridad. ’’
Entre bromas, le piden que ya no diga más, ‘‘nos harás llorar, huevón’’. Regresan al bus, para seguir cada uno su camino.
‘‘Haces una familia con la que convives siete meses. Sales de la universidad rapidísimo para ir a grabar y terminas muy de noche; es con quienes compartes momentos, jodes, es tu familia. Y luego una separación brusca, es fuerte. Yo los extraño ahora. Yo siento que es una experiencia, la primera de mi vida... Una que nunca voy a olvidar. ’’
Por una mezcla de impulsividad, valentía y pasión, la vida lo trajo hasta la Avenida Perú; y por fin, tuvo el empujoncito que siempre esperó. Madurez, muchísima mejora personal y con mayor decisión, es como se siente luego de finalizar su primer trabajo televisivo. Como actor, con un hambre de hacer más cosas, de dejar huella. De por qué no, llegar a ser el galán de su próxima telenovela.
De niño, tras las cámaras, intranquilo y tímido, ve a su mamá actuar, no imagina que un día pueda estar en su lugar. Tal vez en eso consista la vida, en ir tras un sueño imposible, porque un día cualquiera, se puede volver realidad.


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