CRÓNICA
- elviraromerotupino
- 26 oct 2021
- 5 Min. de lectura
OCTUBRE 6, 2017
LA HORA FINAL
de Eduardo Mendoza
El día en que Eduardo Mendoza decidió que quería crear un nuevo proyecto cinematográfico no tuvo más que otra motivación que contar las heridas que el terrorismo dejó en la sociedad peruana. ‘‘Es algo que ha marcado a mi generación, algo que queda para siempre.’’ cuenta Eduardo dejando un sentir personal pululando en palabras.
‘‘1992. Pietro Sibille graba conmigo TQ 1992. Hoy 25 años después retomamos, desde otro ángulo, el mismo impulso de historia que queríamos contar.’’ me pone al tanto Eduardo y ambos nos percatamos de la coincidencia que eso significa: su primer y último proyecto.
Crear un proyecto cinematográfico es un reto que toca respirarlo, comerlo, sentirlo. Pensar en lo que llevó hasta el nacimiento de La Hora Final es unir cada obra cinematográfica de su trayectoria para entender el porqué. Tan solo en abordar El Evangelio de la Carne vemos una fuerte motivación por hablar de las consecuencias del conflicto interno peruano en su sociedad.
El gatillo disparador
‘‘Saber de la historia de aquellos agentes que se llevaban mal, pero tenían que trabajar juntos de encubierto como pareja sentimental fue el punto de inspiración para encontrar la historia de la película’’ tras estas palabras me hace hincapié en no confundir ese momento de inspiración con el desarrollo exacto de esa historia. Eduardo no quería contar la vida de la pareja real – Ardilla y Gaviota –sino que a través de ese gatillo disparador de creatividad poder unir rasgos, anécdotas, detalles de diversos agentes del GEIN y bajo la premisa de una pareja de agentes crear una narrativa atrayente.
El cine es un arte que busca contar historias. Pero que a través de ellas puede desempolvar o proponer temas que en la sociedad son necesarios de abordar. ‘‘… son personajes de ficción que encarnan los conflictos y dilemas que muchos peruanos tuvimos como la separación de las familias. O esa posición de compromiso al tener algún familiar o amigo simpatizante. Es así como gracias a la ficción uno puede tocar ciertas fibras y remover ciertas cosas.’’ enfatiza Eduardo.
Tiene una historia y una razón para contarla. Todo resulta en un guion que gana el premio DAFO (Dirección del Audiovisual, La Fonografía y Los Nuevos Medios) realizado por el Ministerio de Cultura. Tras ello, se plantea un objetivo nuevo: presentar la película en los 25 años de la captura de Abimael Guzmán. El reloj empieza a correr y el gatillo resuena: la carrera para cumplir el plazo comienza.
Operativo: La Hora Final
Reunirse por dos años con siete u ocho agentes, dos ex miembros de Sendero Luminoso, uno del Grupo Colina y participantes de la Comisión de la Verdad incluso con Benedicto Jiménez – creador del GEIN – le llevó a perfilar a sus personajes. Pero como pieza clave del operativo era necesario encontrar a los actores indicados.
El proceso de casting, a cargo de Katia Salazar, fue arduo y complejo; tres meses llevó su realización. ‘‘Eduardo no quería actores que hubiesen aparecido en su película anterior El Evangelio de la Carne; es así que había que separar. Además él tenia específicamente sus personajes delineados y no quería que se sienta actuación… quería que sus actores tuvieran la energía de los personajes.’’
Dos de los más importantes correspondían a los actores que encarnarían a Carlos Zambrano y Gabriela Coronado. Después de tener una corazonada sobre Pietro Sibille y Nidia Bermejo los eligió como quienes tomarían la batuta de la carga dramática de la historia. Empezó el proceso de preparación en cinco etapas– necesarias en el proceso entre director y actor– para, finalmente, conseguir darle vida a algo que solo vivía en papel. ‘‘Yo, por ejemplo, le pregunto a Nidia (Gabriela Coronado) cómo es que te afecta, a tus 18 años, pasar de una ciudad pequeña como Huanta a Lima. ¿Te sentiste sola? ¿extrañaste?... Luego, en conjunto, se trabaja el objetivo que tiene cada escena: cada una debe contarte algo puntual para que avance la trama.’’
Añadido al casting, la dirección de arte jugaba como estrategia decisiva al momento de la realización de la película. Lima, en palabras de su director, había cambiado notablemente en 25 años. En esos tiempos, no había cadenas de comida rápida, el parque automotriz de hoy o el aspecto moderno que ha conseguido la ciudad. Cecilia Herrera tuvo la responsabilidad de lograr que Lima volviese en el tiempo. Su trabajo fue un desempeño prolijo que tuvo en cuenta desde una botella de Crush de la época hasta conseguir que las calles dieran al espectador la idea de estar nuevamente en los 90’s.
Los últimos detalles vinieron de la mano de grabaciones en cinco semanas y media – en un principio se pensó en ocho semanas – Una postproducción que incluyó la colaboración de una editora chilena- francesa y una post imagen donde se abordó la colorización, y los efectos necesarios para recrear las explosiones.
Una victoria cinematográfica
Una serie de comentarios en redes sociales tomaron por sorpresa a Eduardo. Personas taggeandolo para contar que su película les encantó; o etiquetando también a alguien más para verla en el cine. A su vez siendo testigo de que su historia se vuelve el punto de inicio para pequeños debates entre padres e hijos; en donde se intercambian preguntas y memorias. 105, 300 espectadores acudieron en su primera semana y las cifras fueron aumentando. Tras este paso victorioso, Eduardo cuenta que hacer cine para él es la oportunidad y suerte de poder construir mundos. Desde que vio sus primeras películas en la infancia, junto a su padre, en la Filmoteca de Barranco quiso hacer lo que ‘veía en las pantallas’ no sabía cómo ni cuándo solo que quería hacerlo.
Como próximos proyectos ve hacia el futuro con historias que sigan ligadas a la realidad peruana, pero también con ganas de probar con tramas que desarrollen la intimidad entre una pareja o dos amigos y la complejidad que eso lleva dramáticamente. Y, sobre todo, busca poder aminorar el tiempo de realización de sus películas; existe un fuerte deseo por producir más en el menor tiempo posible. Hay tantas historias que dar vida que resulta un punto importante a desarrollar.
En mi curiosidad como aficionada en hacer cine le pregunté el requisito indispensable en un cineasta y él, sinceramente, respondió:
‘‘Lo principal es la constancia y la convicción. Cuando viene los premios y elogios es bonito, pero la mayoría del tiempo son negativas: los proyectos no salen. Yo me pasé años de años para hacer mi primera película; si tú no estás convencido… es imposible que sobrevivas. El cine es duro; tiene que haber una voluntad y un compromiso total. Si tú no lo tienes, no tiene sentido que pierdas años de tu vida: yo le dedico esos años. Yo le he dedicado todo: mis horas, mis vida en situaciones extremas incluso sin tener donde vivir, con hijas. Darlo todo con pasión; y aún así nadie te asegura nada.’’
Querer contar algo. Buscar que ese algo pueda dar un poco de reconciliación a un país con heridas todavía presentes. Los valientes son los que cambian el mundo; y a veces también nos dan películas que intentan acércanos a nuestra propia reconciliación como sociedad.


Comentarios